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LOS ALGORITMOS GOBIERNAN NUESTRAS VIDAS

Nos guste o no vivimos en una era donde los algoritmos gobiernan nuestra vida. El conjunto de normas de programación electrónica que influyen en nuestras vidas es mucho más de lo que imaginamos, para bien o para mal.

Para la gran mayoría de los mortales su peso determinante es casi desconocido. En los últimos años, gracias a los avances en informática, los algoritmos han evolucionado hasta alcanzar un gran poder. Son capaces de conocer nuestros gustos, utilizar nuestros instintos y predecir nuestro comportamiento. No nos percatamos cuanto pueden influir en la polarización de las sociedades o contribuir a democratizar la sociedad.

El historiador y escritor, Yuval Noah Harari, de raíces judías y palestinas, señala que las nuevas biotecnologías y la generalización del “algoritmo”, generan estímulos en el nivel biológico del cuerpo que permiten pensar que la humanidad se encuentra en las puertas de una nueva era, de “reinventar al ser humano”. Señala que las nuevas condiciones permiten superar el humanismo imperante desde hace trescientos años, tanto el “humanismo liberal”, el “humanismo comunista” o el “humanismo evolucionista” (en referencia al nazismo). Señala que habría que imaginar en esta nueva etapa del Homo deus, el auspicio de una democracia en la que, para neutralizar el peligro totalitario de los algoritmos o el riesgo de que el diseño de la nueva humanidad, sea tomado por una capa social que priorice sólo la disciplina y la inteligencia, pero no la sensibilidad y los valores.

El diseño del algoritmo plantea una nueva etapa de la humanidad basada en el dataísmo, como principio rector de la humanidad, donde todas las estructuras políticas o sociales pueden ser vistas como sistemas de procesamiento de datos: El dataísmo o la datocracia declara que el universo consiste en flujos de datos y que el valor de cualquier fenómeno está determinado por su contribución al procesamiento de datos. El escritor Harari llama a esta nueva versión de la especie humana el Homo Deus. Sus características serían: a) Los humanos perderán su utilidad económica y militar, de ahí que el sistema económico y político deje de atribuirles mucho valor. b) El sistema seguirá encontrando valor en los humanos colectivamente, pero no en los individuos. c) El sistema seguirá encontrando valor en algunos individuos, pero estos serán una nueva elite de super humanos mejorados, aunque subvalorando a la mayoría de la población.

Pero, ¿qué es exactamente un algoritmo y cómo funciona?

En palabras simples, los algoritmos en las redes sociales son el conjunto de normas de programación que hace que una publicación se muestre mucho o poco en una red social, así como también, las decisiones de a quién y cuándo se mostrarán dichos posts. El objetivo de los algoritmos, las inteligencias artificiales y del machine learning es replicar los procesos de decisión del cerebro humano. Es decir, el algoritmo realiza todo el proceso de búsqueda, imitando la forma en la que lo haría un ser humano, y muestra al usuario el resultado. Este proceso sería muy largo si lo realizara una persona, pero los algoritmos desarrollados artificialmente pueden hacerlo en pocos segundos.

Ahora bien, los algoritmos pueden hacernos la vida más justa si están bien diseñados ya que eliminan el sesgo humano, la subjetividad implícita en todas y cada una de nuestras decisiones. De los coches inteligentes a los motores de búsqueda de internet pasando por los diferentes proyectos de Smart cities, detrás de cualquier proceso donde se recopilen y se procesen datos para obtener un resultado hay un algoritmo. Por tanto, es hora de ir pensando con profundidad en todo este galimatías. Para otros analistas de este fenómeno este comportamiento del algoritmo en redes sociales entraña un problema, ya que solo te muestra lo que te gusta y eso es algo que, a la larga, alimenta las ideas extremas y la polarización. Sigues a gente que te interesa, lees cosas que te interesan y ves opiniones de gente que piensa como tú. En suma, una sociedad instintiva, cada vez menos reflexiva, aunque paradójicamente con acceso a un interminable océano de información que no sabe cómo utilizar.

A nivel más básico, los algoritmos son un grupo de acciones que se realizan de forma muy rápida dentro de un ordenador y que serían algo parecido a: Si haces A, entonces obtienes B. Si en su lugar haces C, obtienes D. Es decir, a partir de una pregunta, tomará diferentes decisiones en base a la respuesta dada, con el fin de siempre mostrar la realidad más cercana a lo que esperaría encontrar un usuario.Ya sea en el Facebook, en el Twitter, Instagram o cualquier red social, la finalidad en esta dinámica es brindarte información personalizada a través de diferentes operaciones sistemáticas, pero cada una tiene un algoritmo propio que trabaja en función de sus objetivos. El algoritmo de Instagram evalúa mucho las acciones de cada usuario, la localización de cada perfil, los hashtags que se utilicen, las interacciones con la audiencia y sobre todo la calidad del contenido que publicas. La publicidad cada vez juega un papel más importante, ya que ayuda al posicionamiento de marca, a atraer más clientes y a dar a conocer los beneficios de los productos o servicios. A medida que pasa el tiempo, las marcas consiguen crear experiencias más personalizadas para sus clientes a través de esta red social.

Ahora bien, ¿cuánta influencia ya tiene el algoritmo en la población peruana? De hecho mucha. En una población peruana comprendida por 33.17 millones de personas, de las cuales el 78% vive en zonas urbanizadas ya existen, según las cifras oficiales, hay 36,14 millones de dispositivos móviles, la cantidad total de dispositivos como celulares, tablets y laptops, representa un 109,9% por lo que supera a la población total. Existen en Perú 19,90 millones de usuarios de internet, esto es el 60% de la población, y están activos en redes sociales 27 millones de peruanos (81.4% de la población). Esto significa que la mayoría de las personas en el país poseen más de un perfil por red social. La sociedad peruana, a pesar de sus carencias o el bajo nivel educativo, funciona ya como un enorme ecosistema digital.

No es por eso exagerado decir que el fenómeno del algoritmo en la sociedad peruana tiene dos efectos. Por un lado, contribuye a democratizar la sociedad, expandir el acceso a la información, erosionando cada vez más la influencia de los medios de comunicación convencionales y la concentración de medios. Pero, por otro lado, contribuye también a una sociedad menos reflexiva, más instintiva, narcisista y reactiva. Ahora todos se creen dueños de la verdad, proclives al insulto y los juicios elementales, sobre todo cuando no tenemos una comunidad política extendida. El narcisismo se define como «auto-importancia por derecho» y se relaciona con la agresión y la violencia. Aquellos con alto nivel de narcisismo también tienden a ser malos compañeros románticos, discriminatorios y con poca empatía. Desafortunadamente, estos rasgos van en aumento, por el papel de algoritmo en las redes sociales, a medida que las redes aumentan el enfoque en uno mismo.

Viendo las cosas desde un ámbito positivo, tras la masificación de los mecanismos de personalización y perfilamiento algorítmico, se ha pasado de la celebración de las potencialidades democratizadoras al énfasis en su contracara en términos de manipulación y vigilancia. Pero es necesario abandonar las imágenes polares de los sueños y las pesadillas. Los mecanismos algorítmicos pasarían a predecir, sugerir y conducir lo considerado como mejor y más apropiado para la ciudadanía, quitándole a esta la pesada carga de tener que tomar decisiones en soledad, sin ninguna asistencia, en un mundo atiborrado de datos procesados supuestamente para brindar tales orientaciones.

En suma, habría que hacer un esfuerzo para que los efectos de la aplicación de la lógica del dataísmo, contribuyan a incrementar el ejercicio democrático, la promoción de valores, la tolerancia y el control del poder político de turno. Pero eso, inevitablemente nos lleva a replantear las instituciones democráticas, con un tejido más horizontal y con un sentido de inmediatez más presente por parte de los gobernantes. El uso del algoritmo presiona a un sistema de gobierno para ser más eficiente, más eficaz, bajo alta presión y la ansiedad de la opinión pública digital, de resolver las cosas al instante.

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