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¿Qué está en juego el 11 de abril?

Por Ana Neyra

Tres encuestas se publicaron el fin de semana que nos permiten saber quiénes están más cerca de la Presidencia y el Congreso. Al margen de las preferencias o de si aún no definen su voto, quisiera hoy animarlos a una reflexión: ¿A quiénes queremos en la Presidencia y el Congreso? ¿A quiénes queremos darles ese poder?

Un Presidente (o una Presidenta) puede decidir las políticas de gobierno, junto con sus ministros. Decide cómo y cuánto se invierte en salud, educación, luchar contra la pobreza, o crear puestos de trabajo y enfrentar la informalidad. Determina la política económica, financiera y tributaria, para lograr, con mayor o menor éxito, mejorar los indicadores de crecimiento económico, incrementar la base tributaria o cerrar la brecha de desigualdad. Decide cómo nos relacionamos con los países vecinos, los de la región y el mundo, o qué tanto asumimos una agenda global (como la del cambio climático o la defensa de derechos humanos). Puede ser más o menos respetuoso/a de los derechos (como la libertad de expresión) y dar parámetros sobre el modo en que actúa la policía o las fuerzas armadas al ejercer sus funciones, especialmente en protestas o desplazamientos (incluidos los de migrantes). ¿A quién le encargamos estas funciones? ¿Y las políticas de protección de los derechos de las mujeres, la población LGTBI, las personas adultas mayores o las personas con discapacidad? Es importante mirar a quien lidera, y también a los equipos técnicos que implementarán estas decisiones, así como al respaldo partidario y congresal que se tendría.

Pensemos también en los últimos 5 años: ¿A quién confiar definir el currículo de las escuelas o cómo se controla la calidad de las universidades? ¿A quién el poder de disolver un Congreso tras negar la confianza de dos Consejos de Ministros? ¿O de declarar un estado de emergencia? ¿De enfrentar una pandemia global?

Si quien se encuentra en la Presidencia deja el cargo, asume el/la Vicepresidente/a. ¿Qué personas tendrían ese cargo en cada lista de candidatos? ¿Cuál es su historial? ¿Serían buenos/as Presidentes/as? ¿Podrían hacer todo lo antes dicho?

Y para el Congreso, también pensemos bien antes de decidir nuestro voto. ¿Estas son las personas que quiero que me representen? ¿a quienes quiero confiar debatir y aprobar leyes necesarias y positivas para el país en el corto, mediano y largo plazo? ¿a quienes quiero permitir fiscalizar? ¿A quiénes quiero dejar decidir cuándo se vaca a quien está en la Presidencia o de autorizar la investigación de autoridades? ¿O de decidir si un gabinete permanece en el cargo ante cuestiones de confianza o censuras?

No perdamos de vista los escenarios (o universos alternativos) que deberíamos proyectar para decidir por quién votar. Recordemos la importancia del voto válido. Por ejemplo, para que un partido pueda integrar el Congreso, debe superar el 5% de votación a nivel nacional u obtener 6 representantes en más de una circunscripción, pero para estos porcentajes solo cuentan los votos válidos (no los nulos y blancos). De igual modo, para seguir inscrito luego de la elección, se exige al partido un mínimo de 5 representantes en más de una circunscripción y al menos 5% de votación a nivel nacional en la elección al Congreso. Este porcentaje también se calcula sobre votos válidos. Entonces, si hay más votos en blanco o nulos es menor la cantidad de votos que requiere para superar esa barrera, con menos votos se permite a los partidos ingresar al Congreso o mantener su registro vigente luego del proceso electoral.

El poder de nuestro voto permite decidir quiénes tendrán estas importantes estas funciones y atribuciones en los próximos cinco años. Reflexionemos qué vamos a hacer con ese voto. Pensemos en el país en que queremos vivir.

¿Ya contestó las preguntas? ¿Está contento/a con su elección? Si la respuesta es sí, exprese su convicción al votar. Si la respuesta es no, aún está a tiempo de cambiar de idea. Aunque las encuestas reflejan tendencias, son también una captura del momento y nada se define hasta que los más de 25 millones de peruanos y peruanas acudimos a las urnas y depositamos nuestro voto.

Y tú, ¿a quién le darás tanto poder?

 

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