El 24 de abril se llevó a cabo la segunda ronda de las elecciones presidenciales en Francia. Resultó vencedor Emmanuel Macron con el 58,54% de los votos frente al 41,46% de Marine Le Pen. Se repitió el resultado de la elección anterior, pero con una diferencia menor (en 2017, Macron fue elegido con el 66,10% de los votos frente al 33,90% de Le Pen). Asimismo, la abstención se situó en 28,01%, una cifra mayor al 26,31% de la primera ronda de este año y al 25,44% de la segunda ronda de 2017. Para ver el panorama completo, aún queda pendiente saber quién ocupará el cargo de Primer Ministro y cómo se configurará el parlamento tras las elecciones legislativas previstas para junio. Por el momento, podemos identificar tres puntos poco optimistas que marcaron la reelección del presidente de Francia.
En primer lugar, Macron y Le Pen enfrentaron un gran descontento social. En la semana previa a la segunda ronda, medios nacionales y regionales constataron que las manifestaciones en contra de la candidatura de Le Pen -habituales desde hace varios años- resultaron menos concurridas que aquellas en contra de ambos candidatos percibidos como las dos caras del mismo sistema injusto. Se notó claramente el enfado de quienes hubiesen preferido ver otros candidatos en contienda y otros temas en el debate político. Durante la ocupación de La Sorbona, un grupo de estudiantes difundió un vídeo en el cual se acusaba a ambos candidatos de robar “las aspiraciones sociales, ecologistas y progresistas de la juventud”. A su juicio, problemas como el cambio climático, la igualdad entre mujeres y hombres, el racismo y la precariedad económica estudiantil no fueron suficientemente abordados por Macron ni por Le Pen, o al menos no de la manera esperada. Frente a ello, si bien algunos votaron estratégicamente por Macron, otros encontraron en el silencio de la abstención una manera de hacerse oír.
En segundo lugar, el comportamiento de barrera persistió. Según los sondeos post-electorales de Ipsos-Sopra Steria, 42% de los encuestados que votaron por Macron lo hicieron para evitar que ganara Le Pen y 46% de los que votaron por Le Pen lo hicieron para impedir la reelección de Macron. Si bien dichos porcentajes no fueron mayoritarios, resultan indicativos del peso relativo de la estrategia frente a la convicción. No en vano el informe se titula “Un voto sin entusiasmo”. Pensando en el futuro, la decepción de no ver representadas las propias convicciones es una emoción muy poderosa. Cualquier candidatura populista podría aprovecharla para llegar al poder y, una vez en él, descarrilar la democracia francesa. ¿Qué ha hecho Macron para evitar este riesgo? Por lo pronto, se ha comprometido en su discurso de victoria a considerar las demandas de quienes votaron por Le Pen, se abstuvieron o votaron por él únicamente por estrategia. Este primer gesto, sin embargo, no resultó tranquilizador para todos. Tras el anuncio de los resultados, jóvenes “antifascistas” y “anticapitalistas” protagonizaron actos de violencia en París, Rennes y Toulouse llamando a conseguir “en la calle” lo que no consiguieron “en las urnas”.
En tercer lugar, Macron es un europeísta convencido, pero da la impresión de que aún le cuesta acercar el trabajo de la Unión Europea (UE) a la vida cotidiana de los ciudadanos. Durante el debate del 20 de abril, respondió afirmativamente y con seguridad a la pregunta sobre la permanencia de Francia en la UE bajo su forma actual (es decir, con cesión de soberanía y con el eje franco-alemán como motor central). Le Pen, en cambio, no convenció con su proyecto soberanista de una “Europa de las naciones”, pero sí se mostró empática con los trabajadores franceses que no se sienten favorecidos por las políticas comunes de la UE. Tras el anuncio de la victoria de Macron, Charles Michel, presidente del Consejo, y Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión, fueron los primeros líderes de la UE en darle la enhorabuena en redes sociales. Asimismo, la Novena Sinfonía de Beethoven fue la pieza elegida para acompañar su llegada al Campo de Marte. Más allá de estos gestos, el segundo gobierno de Macron será evaluado por sus resultados. Y todo parece indicar que los evaluadores serán más severos. Por ello, le conviene al presidente considerar que los franceses aprueban la idea de una Europa unida, pero preferirían una UE más inclusiva y participativa. En sintonía con las demandas internas de cambio, este reto requerirá un trabajo de acercamiento y sensibilidad social.
En conclusión, no es cierto que Macron sea el presidente “peor elegido” de la Quinta República como señaló Mélenchon. Pero sí tiene motivos para preocuparse, no solo por su futuro político en las elecciones legislativas y en su segundo mandato, sino también por el porvenir de las ideas que representa e incluso por la calidad de la democracia francesa. ¿Ganó Macron? Sí, one more time como dice el título de la canción festiva que sonó durante la noche electoral. ¿Ganó Europa? Sí, se evitó una presidencia francesa marcada por el euroescepticismo. Pero, ¿a qué costo? Para algunos solo ganó el mal menor; para otros esta reelección justificó actuar con violencia. Y para quienes compartimos las convicciones liberales y europeístas de Renew Europe, fue una victoria sombría. Sería ideal celebrar que nuestras convicciones vencieron al populismo y al nacionalismo. Pero, desafortunadamente, aún no.