
Una obra intensa, hermosa y hasta inclasificable podría decirse. Claro, es una novela, “El tercer paraíso”, tanto que ha merecido el correspondiente reconocimiento al habérsele otorgado el prestigioso Premio Alfaguara este año 2022. Pero hay algo más: se trata de la bitácora existencial de su autor, Cristian Alarcón, escritor chileno dedicado a varios registros: es periodista, cronista, profesor universitario y promotor cultural.
“El tercer paraíso” nos cuenta tres historias, aunque no lineales sino salpicadas de contextos: la de los abuelos, ancestros ubicados en la aldea Daglipulli, del pueblo mapuche situado en el lejano sur de Chile; la de los padres, que corresponde a un mundo en el que va asomando algo de modernidad y en la que Salvador Allende aparece en su primera candidatura presidencial; y, por último, la del hijo, ya migrante, apurado por la dictadura de Pinochet a dejar su país para instalarse en Buenos Aires, después de pasar por los gélidos campos de la Patagonia.
El narrador de las historias (el propio autor, sin declararlo), nos relata también, y con especial énfasis, sus propias experiencias: su vocación por los jardines, las plantas bien cuidadas, las flores mantenidas, la permanente búsqueda de la inspiración con olores. Es tanto su interés que se dedica a estudiar botánica, se inscribe en cursos de especialización sobre el tema y se convierte en asiduo seguidor de conocidos personajes dedicados a estos menesteres. Asiste a conferencias, revisa entrevistas y lee libros selectos.
“El tercer paraíso”, como se ha anticipado, no es una historia contada linealmente a pesar de estar dividida en tres capítulos que corresponden a igual número de jardines, porque cuando alude a los abuelos y a sus antiguas costumbres mapuches, hace lo propio con sus padres y su numerosa parentela, introduciendo sin embargo los nuevos hechos que va imponiendo la realidad: el triunfo de Salvador Allende a la presidencia de Chile en su tercer intento, la inauguración del gobierno de la Unidad Popular, el acelerado deterioro de su régimen, la muerte de Allende, la instauración de la férrea dictadura de Pinochet y la apresurada y dramática huida del hijo para salvar la vida.
El narrador hace referencia entonces a su propia experiencia: la instalación en Buenos Aires y el inicio de una nueva etapa, renovada y liberadora. Se reconoce gay, adopta un hijo y se va a vivir a un pueblo en las afueras de la ciudad, en un conteiner, rodeado de hermosos y cuidados jardines. Con pocos vecinos, todos atraídos por los mismos gustos botánicos, en el medio de ese bucólico y tranquilo ambiente, inspirado por el olor de sus seleccionadas plantas y sus contemplativas flores, el narrador se dedica a pensar, a inventar, a escribir.
Cristian Alarcón con “El tercer paraíso”, en este mundo tan convulso, violento e impredecible, nos invita a contemplar lo que cabe rescatarse y a contagiarnos con un bálsamo de belleza. Lo dice el jurado del Premio Alfaguara con acierto: “…La novela abre una puerta a la esperanza de hallar en lo pequeño un refugio frente a las tragedias colectivas.”
Es cierto, la vida es esencialmente cruel, básicamente injusta, notoriamente accidentada, pero, al mismo tiempo, está rodeada de jardines, de parques, flores y plantas, que sin hacernos perder el sentido de la realidad nos abstrae sabiamente de ella.
Leer “El tercer paraíso”, de Cristian Alarcón, es eso: un baño creativo, agradable, pero siempre realista, no enajenante.
