Por Eloy Espinoza
En la actualidad el pasado y el presente nos dan muchos elementos para analizar. Es imposible olvidar -para los que tenemos 45 a más años- lo que se denominó ”La Captura del Siglo“, valiente e inteligente trabajo del GEIN para atrapar a Abimael Guzmán sin que siquiera se dispare un balazo.
Obviamente, hay quienes buscan y siguen buscando el aprovechamiento político de una victoria generada nada más que por la labor planificada de un grupo humano, el cual actuó de manera coordinada y silenciosa para librarnos de uno de los personajes más nefastos de toda nuestra historia republicana.
Ahora bien, y en otro 12 de septiembre, el de hoyo, en un contexto de crisis sanitaria, economía, política y alimentaria, se ha procedido a elegir a un nuevo Congreso, consecuencia necesaria de los “ Acuña audios”. El Congreso ha elegido al general retirado José Williams Zapata, cuyo rol como Presidente del Congreso, si quieren apartar del Gobierno a Pedro Castillo y Dina Boluarte, acusados por delitos de corrupción, e investigados por el Ministerio Público o puestos al descubierto por la labor del periodismo de investigación realizado por diferentes medios de comunicación.
Al hoy congresista William Zapata se le reconoce una labor meritoria como jefe de la Oposición “ Chavín de Huántar”, uno de los rescates de rehenes (de la embajada de Japón en Lima) más importantes en los últimos tiempos.
Sus defensores dicen que es un buen concertador. Eso no viene mal, pero se necesita bastante más que ello: quien sea Presidente del Congreso del Perú debe enfrentar la grave crisis de falta de responsabilidad y ausencia de confianza ciudadana en el Congreso, crisis más acentuada que la de otras entidades públicas. Ello sin ignorar las acusaciones de corrupción y hasta de violación que involucran a algún Congresista.
Y junto a ello, ante una eventual sucesión presidencial, le tocaría a José Williams Zapata convocar elecciones generales y asumir provisoriamente la Presidencia de la República con diversos retos: la realización del proceso de elecciones generales inobjetables; la instauración de un núcleo consensuado de reformas políticas, dejando la puerta abierta a que sigan haciéndose más de estas necesarias reformas. No es pues una tarea fácil la que le espera, y ojalá José Williams Zapata esté a la altura de los retos que ha asumido