La disputa entre el Gobierno que no quiere irse y el Congreso que quiere quedarse no es ideológica, como falsamente agita la DBA, Castillo es la continuación de Toledo, García, Humala y PPK en su versión torpe y mediocre. El cuento del chavista, comunista y estatista fue para meter miedo y para que votaran por la señora K.
El Castillo que llegó a la política de la mano del MOVADEF y del fujimorismo, y, luego de Perú Libre, ha acumulado en tiempo récord una lista de actos de corrupción que hacen insostenible su gobierno mediocre y continuista. La disputa con la DBA tampoco es económica ni programática, porque Castillo no representa ningún peligro para el establishment, la disputa es entre pirañas y tiburones, la disputa es, si los negocios se hacen en el jirón Sarratea o en hoteles 5 estrellas.
Tanto Castillo como la DBA han confirmado su firme determinación de no dejar el Gobierno ni el Congreso, que la calle se los permita o no, es otra cosa; pero la estrategia es común, Castillo quiere durar hasta donde pueda distribuyendo prebendas a congresistas, y, la DBA quiere seguir jugando a sacarlo con tonterías como esa de traición a la patria.
En estos meses que se han acumulado evidencias suficientes de la participación de Castillo y su entorno en actos de corrupción, se han producido al mismo tiempo, una serie de evidencias suficientes de que el Congreso dominado por vientres de alquiler está en lo mismo, protegiendo personajes que deberían ser investigados, dando leyes inconstitucionales o con nombre propio y desacatando resoluciones de judiciales.
La crisis política con alta dosis de anarquía que vive el país desde el 2016 y que comenzó con la disputa entre derechas, PPK vs Keiko, el lobista vs el fujimontesinismo, se agudizó a partir del 11 de abril de 2021 con la irrupción de Pedro Castillo, la crisis abierta a partir de la segunda vuelta hasta nuestros días ha tomado dimensiones sísmicas y está debilitando o arrasando las instituciones del país.
La primera institución en sufrir los embates de esa crisis anárquica fue el Jurado Nacional de Elecciones y la ONPE, la derecha bruta y achorada que inventó la teoría del fraude le puso la puntería para desconocer los resultados y no renuncia a su deseo de tomarlas por asalto en nombre de la democracia. La Presidencia de la República, el Congreso, el Poder Judicial, la Fiscalía, y otras instituciones civiles y militares son estropeadas y zarandeadas, unas por actos de sus propios conductores y otras por no alinearse a la narrativa en curso.
En este vendaval destructivo muchos medios de comunicación han tomado partido y se han convertido en parlantes de esas estrategias mientras el señor Castillo divaga victimizándose. La denuncia de violación de una trabajadora contra un congresista de APP, del partido de la presidenta del Congreso, no ha merecido el despliegue espectacular de cierta prensa por que el abusador no pertenece al bando de Castillo.
El escenario quijotesco lo pone el Congreso, antes habían actitudes altisonantes de legisladores que buscaban llamar la atención y acaso algo de popularidad, como Martha Chávez el 2011 en la toma de mando de Ollanta Humala, el famoso Popy Olivera o el propio Alan García interrumpiendo al premier Ulloa allá por los 80. Pero lo que ahora tenemos supera los límites de la imaginación, en el mensaje presidencial del 28 de julio Castillo recibió de los congresistas de la DBA hasta mentadas de madre.
JUDICIALIZACIÓN DE LA POLÍTICA
Pero no solo es la crisis sistémica del mundo de la política y economía reflejada en el Ejecutivo y el Congreso, es también la crisis del Poder Judicial o de la Fiscalía de la Nación, cuyos escándalos de corrupción son parte del folclor cotidiano con sus “hermanitos” y “Cuellos blancos”.
La política se ha judicializado y la mayoría de abogados constitucionalistas, penalistas, ex magistrados y exprocuradores convertidos en actores políticos han desplazado a dirigentes y analistas políticos, la judicialización de la política ha llegado al extremo que solo se habla de cuantos meses o años le corresponden al tal cual político según sus preferencias, y, muchos abogados opinan sin revelar a que clientes representan.
El entrampamiento político que vive el país es complejo, paradójicamente el Gobierno y el Congreso son cómplices de esta crisis, ambos defienden el statu quo, bastaría que se modifique la constitución para adelantar las elecciones generales con 66 votos y luego convocar a referéndum, pero los dos poderes no quieren irse.
En este escenario revuelto aparecen curiosas teorías de constitucionalistas y penalistas que, lejos de dar luces echan sombras y creen haber encontrado la cuadratura del círculo para sacar al Castillo orillando la Constitución. Cómo todos los intentos para vacar a Castillo chocan con el número de votos en el Congreso y con la protección que le da la constitución, entonces ensayan diversos escenarios que van desde la suspensión del presidente por el Poder Judicial hasta una detención por flagrancia, una verdadera hora loca jurídica.
Ahora hay una nueva disputa entre “nos quedamos todos” y “que se vayan todos”, esperemos que la confluencia de más de un centenar de organizaciones civiles que se han puesto trabajar para “que se vayan todos” logren sintonizar pronto con la calle, en cuyas manos está que no sigamos atrapados sin salida.